REFLEXION Y ALGO MAS ........SI ES PARA TI ..PARA MI .....Y PARA EL ALMA
Algo que me sorprende es la capacidad que tenemos para sufrir y
aguantar por amor los desprecios de la persona supuestamente amada. ¿Qué
necesitamos o qué nos hace falta para estar aferrados a alguien que sabemos no
nos conviene?, ¿qué en nuestro interior nos motiva a no dejar ir a alguien cuya
sola presencia nos lastima y hace que perdamos poco a poco nuestra propia
identidad y autoestima?, ¿porqué sufrimos por alguien que perdimos, aún y
cuando ya nos habíamos convencido que su partida era lo mejor para nosotros? En
alguna parte alguna vez leí El amor verdadero libera, no te hace esclavo de la
voluntad ni del estado de ánimo de la otra persona. El amor verdadero te hace
ser tú y te lleva a límites inimaginables. Te impulsa a dar lo mejor de tí, no
porque tengas a la otra persona a tu lado, sino porque esa persona te ayuda a
descubrirte . ¿VALE LA PENA SUFRIR POR ALGUIEN? ¿Qué tan dispuestos estamos a
sufrir por alguien? Cuentan que una bella princesa estaba buscando consorte.
Aristócratas y adinerados señores habían llegado de todas partes para ofrecer
sus maravillosos regalos. Joyas, tierras, ejércitos y tronos conformaban los
obsequios para conquistar a tan especial criatura. Entre los candidatos se
encontraba un joven plebeyo, que no tenía más riqueza que amor y perseverancia.
Cuando le llegó el momento de hablar, dijo: Princesa, te he amado toda mi vida.
Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi
sacrificio como prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin
más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas. Esa es
mi dote... La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar:
Tendrás tu oportunidad: Si pasas la prueba, me desposaras . Así pasaron las
horas y los días. El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la
nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su
amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un
momento. De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la
esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble gesto y una sonrisa,
aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravillas. Incluso algunos optimistas
habían comenzado a planear los festejos. Al llegar el día noventa y nueve, los
pobladores de zona habían salido a animar al próximo monarca. Todo era alegría
y jolgorio, hasta que de pronto, cuando faltaba una hora para cumplirse el
plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la joven
princesa, se levantó y sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del
lugar. Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un
niño lo alcanzó y le preguntó ¿Qué fue lo que te ocurrió? ... Estabas a un paso
de logra r la meta... ¿Por qué perdiste esa oportunidad?... ¿Por qué te
retiraste?... Con profunda consternación y algunas lágrimas mal disimuladas,
contestó en voz baja: Si ella no me ahorró un día de sufrimiento... Ni siquiera
una hora, es porque no merecía mi amor . El merecimiento no siempre es egolatría
sino dignidad. Cuando damos lo mejor de nosotros mismos a otra persona, cuando
decidimos compartir la vida, cuando abrimos nuestro corazón de par en par y
desnudamos el alma hasta él último rincón, cuando perdemos la vergüenza, cuando
los secretos dejan de serlo, al menos merecemos comprensión. Que se
menosprecie, ignore, olvide o desconozca fríamente el amor que regalamos a
manos llenas es desconsideración o, en el mejor de los casos, desinterés o
ligereza. Cuando amamos a alguien que además de no correspondernos desprecia
nuestro amor y nos hiere, estamos en el lugar equivocado. Esa persona no se
hace merecedora del afecto que le prodigamos. La cosa es clara: si no me siento
bien recibido en algún lugar, empaco y me voy. Nadie se quedaría tratando de agradar
y disculpándose por no ser como les gustaría que fuera. No hay vuelta de hoja:
en cualquier relación de pareja que tengas, no te merece quien no te ame, y
menos aún, quien te lastime. Y si alguien te hiere reiteradamente sin mala
intención , puede que te merezca pero no te conviene.
Retirarse a tiempo con la satisfacción de haber dado lo mejor de
nosotros mismos no tiene precio
